lunes, 17 de octubre de 2016

REINICIARNOS PARA RENOVARNOS




Tu vida tiene derecho a hacer borrón y cuenta nueva

En un vaso lleno ya no cabe agua. Este es uno de los principios fundamentales de cualquier tipo de cambio. Es imposible cambiar drásticamente tu vida y reescribir tu historia si no dedicas un tiempo para hacer limpieza en la maleta de tu experiencia acumulada.
Tu rompecabezas de la vida siempre se juntará en la misma imagen si utilizas los mismos elementos, no importa cuántas veces revuelvas las piezas.
Debes empezar la renovación consciente de tu vida con un total reinicio. No con la búsqueda de nuevos objetivos, no con las ideas de lo que vayas a ser dentro de cinco años, no preguntándote acerca de tu misión y objetivo en esta vida. Porque todos estos procesos te enredarían con tus ideas antiguas que, además, consumen mucha energía.
Debes empezar sacando toda la basura de tu vida: a nivel físico, energético y mental.

La acumulación descontrolada del pasado lleva a las siguientes dos cosas:
  1. Recreación infinita de los patrones de tu pasado. La vida empieza a parecer un déjà vu.
  1. Desaceleración del ritmo de tu vida, cuando miras a aquellas personas que logran hacer tres veces más que tú y no entiendes cómo es que tienen tiempo para hacerlo. El éxito en la vida y la realización en todos los campos únicamente es posible a alta velocidad.
Tiene caso realizar una gran limpieza en tres dimensiones: el pasado, el presente y, no te sorprendas, el futuro. Sí, en tu futuro ya hay montones de basura en forma de tus suposiciones acerca de cómo será; por lo tanto, también necesita una limpieza a fondo.
Propongo empezar con el presente. Es la dimensión más concreta porque está situada aquí y ahora. Deshacerse completamente del tiradero que está en tu interior y en tu entorno, te otorgará muchas fuerzas y energías frescas, lo cual vas a necesitar más adelante.

MUY FELIZ VUELTA A ESTE ESPACIO 
 
Abro espacio para al reflexión conjunta a través de tus comentarios.  

                     Inés  

Re-Escribiendo la historia de las mujeres



La construcción patriarcal de la diferencia entre la masculinidad y la feminidad es la diferencia política entre la libertad y el sometimiento.
Carole Pateman
La división sexual del trabajo, esto es, que los hombres y las mujeres realicen tareas diferentes, rememora la tradicional dualidad hombre-cazador versus mujer-recolectora. Da por supuesto que la caza requiere mayor fuerza física y velocidad, por lo que habría sido una labor propia de los hombres, mientras que la recolección de alimentos vegetales sería más compatible con la menor fuerza física de las mujeres y las restricciones impuestas por la gestación y el cuidado de la prole. Según este modelo, la división sexual del trabajo se habría originado por diferencias biológicas típicamente asociadas al sexo, es decir, a características «naturales» propias de los machos o de las hembras.
Sin embargo, cuando se intentan reconstruir comportamientos humanos de sociedades prehistóricas los datos empíricos disponibles son lamentablemente escasos. Tan es así que numerosos especialistas coinciden en que de dichas conductas solo pueden extraerse hipótesis más o menos sesgadas. En este sentido, la arqueóloga y catedrática del Instituto de Prehistoria y Protohistoria de la Universidad Erlangen-Nürnberg, Linda Owen, en 2014 apuntaba: «Los roles sociales de cada sexo predominantes en épocas lejanas, a duras penas pueden reconstruirse».
Ciertamente, en los modelos sugeridos con el fin de recuperar comportamientos de tiempos remotos, los prejuicios han sido tan difíciles de evitar que los estudiosos varones, blancos y europeos han analizado las sociedades del pasado desde una perspectiva masculina, blanca y eurocéntrica. De esta manera, las nociones y normas de la vida moderna se han extrapolado a pueblos de homínidos extintos, dividiendo convencionalmente las actividades de ambos sexos: ellos iban de caza y protegían a sus familias, ellas recolectaban hierbas y frutos y se ocupaban de los niños.
Esta suposición lleva implícito que los hombres eran activos, sumamente móviles y se desplazaban largas distancias tras sus presas, mientas que las mujeres se quedaban a la espera, pasivas y sedentarias, en un entorno físico limitado. Pero de esa imagen tan «natural» han ido surgiendo dudas y cuestionamientos cada vez más obvios; por ejemplo, Linda Owen se pregunta: «¿Cómo podían los hombres proteger a las mujeres y a los niños si se encontraban fuera del campamento la mayor parte del tiempo?»
El esfuerzo por describir las funciones sociales femeninas en pueblos antiguos (incluso muy antiguos) como si fueran un calco de la sociedad occidental del presente ha provocado en los últimos años encendidos debates y flagrantes contradicciones. Los desacuerdos, cada vez más profundos, fueron abriendo espacios para sospechar que dividir el trabajo en función del sexo ha tenido menos que ver con el respeto a la naturaleza y más con trasladar al pasado remoto una forma de pensar del presente.
Además, la comunidad académica ha equiparado casi por consenso las diferentes tareas con jerarquías de desigualdad, impulsando y fortaleciendo esa tendencia generalizada que presupone la universalidad del dominio masculino. Como no podía ser de otra manera, el resultado ha generado importantes distorsiones al interpretar de un modo replicante los orígenes del comportamiento de las sociedades humanas.
Por otra parte, el debate se vuelve más complejo porque un conjunto considerable de expertos no admite que otras especies de homínidos distintas de la nuestra hayan tenido división sexual del trabajo. Por el contrario, sostienen que el reparto de las tareas es un comportamiento propio y exclusivo de Homo sapiens, señalando además que su emergencia habría coincidido con la llegada a Europa de los humanos anatómicamente modernos, unos 40-50.000 años antes del presente. Siguiendo este modelo, solo nuestra especie habría alcanzado el pensamiento simbólico, el cual es capaz de definir categorías sociales y asignar tareas en el grupo. En consecuencia, la división sexual del trabajo habría sido el motor que condujo a sistemas de adaptación tan eficaces que permitieron a los humanos modernos explorar nuevos ambientes «hasta cada esquina del mundo».
En síntesis, parece claro que con los datos en la mano no puede establecerse con precisión si a lo largo de la evolución humana hubo o no división del trabajo en función del sexo. Para muchos autores, separar las tareas es un hecho universal, y sostienen que ese reparto se remonta hasta los orígenes de los primeros homínidos, hace alrededor de 6 o 7 millones de años. Para otros, por el contrario, se trata de un fenómeno propio y exclusivo de Homo sapiens y no tiene más de 50.000 años de antigüedad.

Nuevos hallazgos estimulan el debate

La encendida polémica sobre la división sexual del trabajo y sus orígenes se vio avivada en 2006 por la publicación de un artículo firmado por los antropólogos de la Universidad de Arizona Mary C. Stiner y Steven L. Kuhn. Estos especialistas defendieron una tesis sobre la organización de la vida de los neandertales cuyos ecos sobrepasaron el mundo académico y alcanzaron a los medios de comunicación y al público en general.
Los investigadores Stiner y Kuhn realizaron un minucioso estudio de numerosos huesos fósiles de Homo neanderthalensis, detectando que estos huesos presentaban cicatrices resultantes de fracturas producidas por la dureza de las condiciones de vida de aquellos humanos. Los autores separaron los restos óseos procedentes de hombres y de mujeres y los analizaron con gran detalle. Tras sus metódicas observaciones, llegaron a la conclusión de que no había diferencias en la morfología ni en el patrón de las cicatrices encontradas en los restos de uno y otro sexo. Interpretaron este hecho asumiendo que tal similitud sólo podía atribuirse a que las heridas óseas tenían un origen muy parecido y que, por lo tanto, probablemente las mujeres y los hombres neandertales llevaban vidas semejantes y realizaban trabajos análogos.
neander
Además, Kuhn y Stiner certificaron que la evidencia empírica señalaba con nitidez que las mujeres neandertales eran personas fuertes y autosuficientes, muy parecidas anatómicamente a sus compañeros varones. Esas pruebas contradecían el  comportamiento sedentario pues resultaba, cuanto menos, poco coherente. En palabras de los investigadores: «los esqueletos de las mujeres neandertales estaban tan robustamente construidos que parece improbable que ellas simplemente se sentaran en casa cuidando sus hijos».
En suma, en la cultura neandertal los hombres y las mujeres parecen haber realizado labores muy semejantes entre sí, lo que no impediría, advierten los científicos, que desempeñaran algunas labores diferentes, pero siempre dentro de un esquema general compartido.
Con todo, el debate no ha quedado aquí. En los últimos años se ha enriquecido considerablemente, al abrigo de los numerosos descubrimientos relacionados con el ámbito de la paleoecología, disciplina que tiene como objetivo reconstruir ecosistemas del pasado y configurar un punto de partida para conocer los diferentes recursos alimenticios que los homínidos tenían a su alcance, ponderándose las estrategias que seguían para aprovecharlos. Un enfoque que, además, también ayuda a visualizar la complejidad del comportamiento de nuestros antepasados, cómo era su organización social y, en definitiva, para calibrar su capacidad de adaptación al entorno que habitaban.
Gran parte de estos novedosos estudios se han basado en el examen de dientes fosilizados y en el patrón de desgaste dental observado. Pero, como ha apuntado el profesor Nathan H. Lents, «hasta muy recientemente, nadie se había planteado si las marcas observadas en los dientes de los neandertales eran distintas entre los hombres y las mujeres. Cuando lo hizo un equipo español, los resultados fueron sorprendentes».
Los investigadores muestran una ilustración de los neandertales. Foto CSIC.
Antonio Rosas y Almudena Estalrrich muestran una ilustración de los neandertales ayudándose
de la boca para realizar tareas cotidianas (Comunicación CSIC).
El citado equipo estaba compuesto por los científicos del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, CSIC, la doctora en paleontología Almudena Estalrrich y el prestigioso experto en neandertales, Antonio Rosas. En 2005 publicaron un interesante estudio centrado en los dientes fósiles de Homo neanderthalensis y su posible relación con la división sexual del trabajo. La investigación desvelaba un perceptible desgaste dental en los incisivos y los caninos, al apreciarse una serie de marcas o huellas. Dichas marcas sugerían que, a lo largo de sus vidas, los neandertales habrían usado la dentadura para manipular objetos al sujetarlos o sostenerlos con la boca tal como si fuese una «tercera mano».
yacimientos-estudiados
Concretamente, Estalrrich y Rosas examinaron con detalle las estrías o rayas superficiales y las melladuras o golpes presentes en los incisivos y caninos de 19 individuos procedentes de los yacimientos de l’Hortus (Francia), Spy (Bélgica) y El Sidrón (España). Los dos tipos de marcas analizadas se debían a prácticas o actividades no masticatorias. Las estrías mayormente resultan de una tarea repetitiva basada en sujetar o estirar pieles, fibras vegetales u otros utensilios que puedan sostenerse con la boca. Las mellas, por su parte, son probablemente el resultado de un trauma, ya sea por incidir contra algo muy duro o porque el diente se quiebra mientras realiza alguna función.
Tanto los hombres como las mujeres presentaban estrías en la cara labial (frontal) de sus incisivos, pero esas estrías eran considerablemente más largas en las mujeres. Esto no indica que ellas usasen sus dientes para más tareas que los hombres (lo que habría causado estrías más profundas, no más largas), sino que los empleaban para tareas distintas. Además, pese que ambos mostraban mellas, éstas estaban en zonas diferentes. Los hombres típicamente las mostraban en los dientes de arriba, mientras que las mujeres las tenían en los dientes de abajo.
Diente de la mandíbula de un neandertal (cueva de El Sidrón).
Diente de la mandíbula de un neandertal,
cueva de El Sidrón (Comunicación CSIC).
Los autores concluyeron que las diferencias detectadas en el patrón de desgaste dental no masticatorio, aunque sutiles, parecen indicar que las mujeres y hombres neandertales utilizaban sus dientes con fines algo distintos. Cabría entonces pensar y deducir que la división del trabajo por sexos no ha sido una característica específica de Homo sapiens, sino que, por el contrario, los neandertales de hace unos 40.000 años ya dividían algunas de sus faenas entre mujeres y hombres. Los científicos no tienen claro qué actividades eran las que realizaba cada sexo, pero sí consideran probable que la especialización o división del trabajo estuviera limitada a unas pocas labores.
Tanto Antonio Rosas como Almudena Estalrrich ponen el acento en la importancia que tiene la posible separación de las faenas según el sexo, incluso aunque sea reducida, porque viene a sumarse al incremento que han experimentado en estos últimos años nuestros conocimientos sobre la cultura de los neandertales.
De hecho, los datos más recientes no sólo sugieren que nuestros parientes vivieron en comunidades socialmente complejas, sino que en sus sociedades las mujeres fuertes, vigorosas y autosuficientes, con toda probabilidad participaban en la vida comunitaria como sujetos activos, trabajando codo con codo junto a los hombres con el fin de adaptarse y sobrevivir en aquellos ecosistemas duros y difíciles.
En suma, el añejo modelo femenino de sumisión, pasividad y dependencia, tan querido y alardeado por el pensamiento convencional de nuestras sociedades occidentales, se está desmoronando con gran estruendo. Cambia el paradigma dominante, toda una revolución y reconversión de ideas-fuerza en esa nueva mirada interpretativa.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia

desde el blog 

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Volvemos pronto!!


 Hola, !!ya estoy de vuelta!! Preparando el nuevo curso...

Espero hayáis pasado, y sigáis en ello, un buen verano, aprovechando el sol y las altas temperaturas para disfrutarlas y no sólo padecerlas ;). Yo lo he pasado muy bien, he podido disfrutar  mucho, acompañar y cuidar a mis mayores (estoy en ello, es la edad :)) y también he estado  trabajando en un proyecto que me ha enriquecido muchísimo y me ha traído nuevas experiencias y gente  a mi vida. Estoy contenta y aceptando también el proceso que estoy transitando, que me está trayendo aprendizajes de vida.

Como ya supongo que sabréis el curso se inicia el 5 de octubre,  se ha retrasado muy a nuestro pesar. Pero así lo han decidido quienes deciden estas cosas y a nosotras, las profes, nos ha llegado ya decidido y publicado. Trataremos de  aprovechar muy  bien el tiempo que tengamos... 

Os recuerdo que mis talleres se titulan "Relajación: Cuidado de las emociones a través del cuerpo"... lo hago porque me han escrito dos de vosotras preguntándomelo al no aparecer mi nombre. 

!Ya tengo ganitas de volver a veros!! Mientras tanto os dejo este vídeo. 

Nastamé amores. 

Inés


jueves, 21 de julio de 2016

DANZAR nuestra alegría





Queridas todas... vengo de visita  a compartir  este artículo que nos envía Miranda Gray a las Moon Mother , y que trata sobre la necesidad intrínseca de danzar que tiene el cuerpo del ser femenino y, particularmente, de la mujer. Leerlo me ha hecho recordaros, teneros muy presente según avanzaba en su lectura... Recordarme a mi en nuestras sesiones... Discurriendo entre respirar, estirar, meditar, compartir y !danzar! Ya hace un mes más o menos que hemos culminado este ciclo anual de los talleres de de Empoderamiento, autoconocimiento y autocuidado corporal y emocional... !y ya son 13 años por Rivas! Que curioso, !como 13 lunas!. Parece que lo cíclico va actuando de manera natural.

El verano nos llama a la dispersión y la alegría, a los espacios abiertos y los encuentros expansivos. Yo ya estoy celebrándolo en disfrute de la naturaleza en su estado menos lesionado por mano humana, en bosques y mares abiertos... nutriendo el alma y el cuerpo. 

Pero también sigo en comunión con vosotras... sintiéndoos y recordándoos, estáis en mi. Es mucho ya lo vivido en común, muchas sesiones, miradas, risas y llantos, difíciles transitares, silencios que  atraviesan el alma,  juegos que reconectan con lo primario, la infancia, abrazos  sentidos...alegría balsámica para el alma.
Con unas más que con otras, en tiempo y también en intensidad. Como la vida misma.  Pero en este instante  os siento como grupo, como única tribu de la que formamos parte todas las mujeres. Y también los hombres... que en este caso dejo en el lugar de honor de acompañantes de nuestras vidas.

¡Salud a todas vosotras gozosas del mundo! Porque nuestra alegría es una necesidad para la supervivencia nuestra y de la especie humana.
¡Amor a quienes necesitan del abrazo, del consuelo y de la fuerza! Que a todas os llegue la nutrición y el alivio del Universo, de la Tierra y de lo Divino Femenino.
Que el Sol nos acaricie, el gua nos de fluidez y dulzura, la sombra de los árboles nos regale sabiduría, y la sororidad sea uno de nuestros rezos.
                    Con mucho cariño.
                    Namasté
                    Inés

lunes, 13 de junio de 2016

"ESTAR" EN EL PRESENTE

Queridas todas mis compis-alumnas de talleres de empoderamiento corporal:
!Se acercan las vacaciones estivales y también un cierre de ciclo! 
Con la alegría que ello supone,  y también la tristeza de no vernos en un tiempo o más... 
Ya sabéis que yo enfatizo,  cuando la ocasión se da, que es importante vivir en el presente,  y practicar el poder del ahora. Pues bien,   voy a cerrar este ciclo en el blog con este asunto... y para ello os traigo este artículo que he seleccionado porque me parece bien contado y preciso. 
Espero que os guste y ayude a !Vivir plenamente en el presente!!
 
Con muchísimo agradecimiento por vuestro cariño, confianza en mi y  paciencia también con mis errores, os deseo un maravillosos verano de DESCANSO, EJERCICIO Y GOZO.
Namasté.
Inés

martes, 7 de junio de 2016

SOMOS CÍCLICAS

Menopausia y Climaterio Espiritual

Menopausia y Climaterio Espiritual
Les hablo como Mujer Búfalo del Norte, hermana mayor. Soy Mujer Tierra, enraizada profundamente en este suelo; soy Mujer Espíritu, portadora del Gran Misterio. Hoy vengo a hablarles de la Posada de la Abuela a aquéllas que ya estén allí y a todas las que conocen su función. Mujeres, despierten y vean, pues se aproximan a esta posada. Hombres, despierten y escuchen, pues éstas son sus mayores, guardianas de la Ley Altísima.
La Posada de la Abuela es la etapa de las mujeres de cabello blanco (sabiduría) que ya han sobrepasado el tiempo de dar el poder de su sangre y ahora la retienen como energía para sostener la Ley. Cuando elegimos rodearnos de un cuerpo terrenal, también aceptamos su responsabilidad, un don para ser compartido. Al elegir un cuerpo femenino, aceptamos la posibilidad de nutrir y renovar todas las cosas. Nuestra herramienta es la ley única del Creador: “Estarás en buenas relaciones con todas las cosas y con todos los seres en la gran rueda de la vida”.

La Ley de las Buenas Relaciones, don del Creador a las mujeres, es un conocimiento innato que abarca todos los aspectos de las relaciones. Despierta, se desarrolla y profundiza en contacto con quienes, en nuestra sociedad, la modelan. Nuestro deber es compartir las comprensiones profundas con nuestros hermanos y familias, de modo que la armonía y la paz reinen entre nosotros.
Cuando nuestras mayores atraviesan el umbral de la Posada de las Abuelas se convierten en cuidadoras de la Ley. Su atención ya no se consume en la creación de sus propias familias. En este sentido, no tienen hijos y, según nuestras costumbres, quienes no son padre o madre de ningún hijo en particular, son padre y madre de todo hijo. Su atención se vuelve hacia los hijos de Todas Nuestras Relaciones: sus propias criaturas, las de sus amistades, clan o etnia, y las criaturas de todas las ruedas de la vida: Bípedos, Cuadrúpedos, Alados, con Aletas, los Que Crecen Verdes, y demás. Nuestra relación con el gran círculo de la vida recae en sus manos. Ellas deben ejercer su responsabilidad modelando, enseñando y compartiendo la vivencia de dicha ley en la vida de todos los días, de modo que todos alcancen el equilibrio.

En términos prácticos, para las mujeres esto significa lo siguiente: al cruzar la menopausia, se abre la oportunidad de experimentarse a sí misma de una manera renovada y profundamente poderosa. Al dejar atrás el desconcierto y el temor generados por presión cultural y al abrirse a la verdad que mora en su interior, la mujer encuentra un desafío increíble para el que está mucho mejor equipada que cualquier otro bípedo. Le es posible sentarse en consejo y usar el poder de la sangre ahora retenida para crear un mundo armonioso a su alrededor.

La sangre de luna (menstrual) de la mujer se halla entre las substancias más nutrientes y bio-energetizantes de la Tierra. Puesta sobre una planta, ésta se nutre en profundidad. Nuestras costumbres nativas proponían, durante nuestras ceremonias de siembra y nutrición de las cosechas, que las mujeres en su tiempo lunar se movieran entre las plantas y derramaran su sangre. Nuestras mujeres siempre dieron su sangre honrosamente. Se sentaban sobre el suelo y la donaban directamente o la derramaban sobre musgos que luego depositaban sobre la tierra, para nutrirle y renovarla. Se acompañaban con esta canción:
“Entrego esta sangre de vida a Todas Mis Relaciones y abro mi matriz a la Luz.
Entrego esta sangre de vida a Todas Mis Relaciones y abro mi matriz a la Luz.
Entrego, entrego, entrego, entrego; abro mi matriz a la Luz.”
Vicki Noble, en el “El tambor del Chamán”, recuerda que ésta fue la primera sangre ofrecida en el altar, como ofrenda bendecida. Luego, cuando se dejó de honrar a las mujeres y se ignoró el poder de sus sangre dadora de vida, se recurrió a los sacrificios animales y humanos para salpicar sangre sobre el altar.

Esta es la sangre que retienes en ti cuando ya no sangras en los ciclos lunares; has dejado atrás tu tiempo lunar. Abuelas: quizás no sean conscientes de la profunda responsabilidad que ahora asumen; de saberlo, hubieran tenido la oportunidad consciente de aprender y profundizar en vosotras mismas y en la buena relación durante sus vidas, de modo de salvar a su pueblo, de modo de brindarse bien es estos años. Mujeres jóvenes que ahora leen esto, vosotras podéis ser conscientes y elegir aprender y crecer de este modo, para estar listas cuando os toque entrar a la Posada de la Abuela.

Muchas tribus y etnias recuerdan la primacía de la Ley de Buenas Relaciones y en ellas los consejos de Abuelas gozan de la más alta autoridad. Si un jefe de paz no guiaba a su pueblo por la tierra de modo que gente y animales tuvieran buena comida, agua clara y valles acogedores en tiempos de vientos fríos, las Abuelas solicitaban a otro que condujera; señalaban a alguien que contara con mejores posibilidades de llevar a cabo la tarea de nutrir y renovar la vida del pueblo. Si un jefe de guerra creaba tanta animosidad entre las tribus vecinas y la frecuencia de los ataques interrumpía el bienestar del pueblo, le pedían encontrar usos productivos, y no destructivos, para su energía. Tal era su poder: se hacían cargo seriamente de nutrir y renovar al pueblo y actuaban en concordancia.

Hoy en día, las Mujeres Búfalo nos piden que asumamos el papel que quedó vacante. Cuando observo el mundo que nos rodea, veo que todos y cada uno de los problemas que enfrentamos como Bípedos son problemas de relación, sea con los árboles de las selvas tropicales, con otros pueblos, dentro de nuestros sistemas familiares disfuncionales o en la alienación de unos con otros y con la naturaleza. Despierta el deseo de relacionarnos con nosotras mismas como cocreadoras con Todo Lo Que Existe. Sobre estos temas se nos pide explayarnos y encarar acciones espirituales.

La Posada de la Abuela abarca todas las mujeres post-menopáusicas. Dentro de ellas se forman grupos pequeños en torno a funciones específicas. Para algunas, el cuidado de un cesto sagrado; para otras, cierta clase de curación; y para otras el mantenimiento de la senda de la belleza (arte) entre la gente. Una artesana en canasta puede pertenecer a la vez al grupo de cestería y al grupo que Quarda objetos sagrados (esto último por linaje familiar). Una mujer puede pertenecer tanto a una sociedad de Danzas del Sol como a una sociedad de herboristeras.
Al comenzar a reunirse con otras, el primer grupo es pequeño y heterogéneo y se hace necesario descubrir intereses comunes, capacidades individuales y metas. Parte del tiempo juntas puede emplearse en aprendizaje y comprensión, en reuniones para compartir capacidades para meditar y escuchar las Grandes Voces Internas, para caminar sobre la Tierra o para fortalecer y tonificar el cuerpo.

Con frecuencia se me pregunta por quienes han experimentado amenorrea, menopausia temprana o histerectomías. Aunque no creo poseer respuestas exactas, mi propia experiencia me da algunas pautas. Lo primero que les digo es que el ritmo actividad/receptividad, acción terrena/Gran Misterio, que es el ciclo natural en sincronía con la Abuela luna, todavía resuena en las aguas de sus cuerpos, aunque no vaya acampañado de sangre externa. Profundizan la vivencia de los ciclos lunares dentro de vosotras, ya que resulta de suma importancia para cada una y para Todas Sus Relaciones, a fin de atravesar el velo durante la sangre, ir hacia el Gran Misterio y traer visión para el pueblo.
Por otra parte, muchas de nosotras, sin experimentarnos todavía como ancianas, somos llamadas a la Posada de la Abuela. Hay una necesidad urgente de despertar esta función entre las mujeres, debida al derrumbe de las culturas aborígenes y al abandono de las costumbre femeninas. Muy pocas se sientan en las Posadas y perpetúan la nutrición y renovación de sus pueblos, por lo que algunas más jóvenes somo llamadas a la Posada por medios muy diferentes. Aceptémoslo como un honor.
Finalmente, me referiré el rito de pasaje de la Posada de la Abuela. Aquellas que estén cerca de una mujer que cruza el umbral, deben honrarla y manifestarle apoyo en este tiempo de responsabilidad grande. Una meditación guiada puede ayudarla a conectarse con su propia fuente de fuerza y sabiduría. Quienes la conocen, saben qué aspectos son su fuerte. También debe recordársele su responsabilidad en la nutrición y renovación de Todas Sus Relaciones y la Ley de Buenas Relaciones del Creador.

Sé que mediante su propia experiencia, cada una profundizará su sabiduría mucho más allá de lo que pueda decirles. Recordar: la Madre Tierra, la Abuela Luna y el Padre Espíritu viven dentro de cada una de vosotras. Sumergiros profundamente en vostra verdadera naturaleza y extraer de allí la belleza.
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Escrito por:
Broooke Medecine Eagle (Águila Medicinal), creció en una reserva de Montana. Es Cuidadora de la Tierra, visionaria, escritora, artista, docente y sanadora.