Tu vida tiene derecho a hacer borrón y cuenta nueva
En un vaso lleno ya no cabe agua. Este es uno de los principios
fundamentales de cualquier tipo de cambio. Es imposible cambiar
drásticamente tu vida y reescribir tu historia si no dedicas un tiempo
para hacer limpieza en la maleta de tu experiencia acumulada.
Tu rompecabezas de la vida siempre se juntará en la misma imagen
si utilizas los mismos elementos, no importa cuántas veces revuelvas las
piezas.
Debes empezar la renovación consciente de tu vida con un total reinicio. No con
la búsqueda de nuevos objetivos, no con las ideas de lo que vayas a ser
dentro de cinco años, no preguntándote acerca de tu misión y objetivo
en esta vida. Porque todos estos procesos te enredarían con tus ideas
antiguas que, además, consumen mucha energía.
Debes empezar sacando toda la basura de tu vida: a nivel físico, energético y mental.
La acumulación descontrolada del pasado lleva a las siguientes dos cosas:
Recreación infinita de los patrones de tu pasado. La vida empieza a parecer un déjà vu.
Desaceleración del ritmo de tu vida, cuando miras a aquellas
personas que logran hacer tres veces más que tú y no entiendes cómo
es que tienen tiempo para hacerlo. El éxito en la vida y la realización
en todos los campos únicamente es posible a alta velocidad.
Tiene caso realizar una gran limpieza en tres dimensiones: el pasado,
el presente y, no te sorprendas, el futuro. Sí, en tu futuro ya hay
montones de basura en forma de tus suposiciones acerca de cómo será; por
lo tanto, también necesita una limpieza a fondo.
Propongo empezar con el presente. Es la dimensión más concreta porque
está situada aquí y ahora. Deshacerse completamente del tiradero que
está en tu interior y en tu entorno, te otorgará muchas fuerzas
y energías frescas, lo cual vas a necesitar más adelante.
MUY FELIZ VUELTA A ESTE ESPACIO
Abro espacio para al reflexión conjunta a través de tus comentarios.
La construcción patriarcal de la diferencia entre la masculinidad y
la feminidad es la diferencia política entre la libertad y el
sometimiento.
Carole Pateman
La división sexual del trabajo, esto es, que los hombres y las
mujeres realicen tareas diferentes, rememora la tradicional dualidad
hombre-cazador versus mujer-recolectora. Da por supuesto que la
caza requiere mayor fuerza física y velocidad, por lo que habría sido
una labor propia de los hombres, mientras que la recolección de
alimentos vegetales sería más compatible con la menor fuerza física de
las mujeres y las restricciones impuestas por la gestación y el cuidado
de la prole. Según este modelo, la división sexual del trabajo se habría
originado por diferencias biológicas típicamente asociadas al sexo, es
decir, a características «naturales» propias de los machos o de las
hembras.
Sin embargo, cuando se intentan reconstruir comportamientos humanos
de sociedades prehistóricas los datos empíricos disponibles son
lamentablemente escasos. Tan es así que numerosos especialistas
coinciden en que de dichas conductas solo pueden extraerse hipótesis más
o menos sesgadas. En este sentido, la arqueóloga y catedrática del
Instituto de Prehistoria y Protohistoria de la Universidad
Erlangen-Nürnberg, Linda Owen, en 2014 apuntaba: «Los roles sociales de
cada sexo predominantes en épocas lejanas, a duras penas pueden
reconstruirse».
Ciertamente, en los modelos sugeridos con el fin de recuperar
comportamientos de tiempos remotos, los prejuicios han sido tan
difíciles de evitar que los estudiosos varones, blancos y europeos han
analizado las sociedades del pasado desde una perspectiva masculina,
blanca y eurocéntrica. De esta manera, las nociones y normas de la vida
moderna se han extrapolado a pueblos de homínidos extintos, dividiendo
convencionalmente las actividades de ambos sexos: ellos iban de caza y
protegían a sus familias, ellas recolectaban hierbas y frutos y se
ocupaban de los niños.
Esta suposición lleva implícito que los hombres eran activos,
sumamente móviles y se desplazaban largas distancias tras sus presas,
mientas que las mujeres se quedaban a la espera, pasivas y sedentarias,
en un entorno físico limitado. Pero de esa imagen tan «natural» han ido
surgiendo dudas y cuestionamientos cada vez más obvios; por ejemplo,
Linda Owen se pregunta: «¿Cómo podían los hombres proteger a las mujeres
y a los niños si se encontraban fuera del campamento la mayor parte del
tiempo?»
El esfuerzo por describir las funciones sociales femeninas en pueblos
antiguos (incluso muy antiguos) como si fueran un calco de la sociedad
occidental del presente ha provocado en los últimos años encendidos
debates y flagrantes contradicciones. Los desacuerdos, cada vez más
profundos, fueron abriendo espacios para sospechar que dividir el
trabajo en función del sexo ha tenido menos que ver con el respeto a la
naturaleza y más con trasladar al pasado remoto una forma de pensar del
presente.
Además, la comunidad académica ha equiparado casi por consenso las
diferentes tareas con jerarquías de desigualdad, impulsando y
fortaleciendo esa tendencia generalizada que presupone la universalidad
del dominio masculino. Como no podía ser de otra manera, el resultado ha
generado importantes distorsiones al interpretar de un modo replicante
los orígenes del comportamiento de las sociedades humanas.
Por otra parte, el debate se vuelve más complejo porque un conjunto
considerable de expertos no admite que otras especies de homínidos
distintas de la nuestra hayan tenido división sexual del trabajo. Por el
contrario, sostienen que el reparto de las tareas es un comportamiento
propio y exclusivo de Homo sapiens, señalando además que su
emergencia habría coincidido con la llegada a Europa de los humanos
anatómicamente modernos, unos 40-50.000 años antes del presente.
Siguiendo este modelo, solo nuestra especie habría alcanzado el
pensamiento simbólico, el cual es capaz de definir categorías sociales y
asignar tareas en el grupo. En consecuencia, la división sexual del
trabajo habría sido el motor que condujo a sistemas de adaptación tan
eficaces que permitieron a los humanos modernos explorar nuevos
ambientes «hasta cada esquina del mundo».
En síntesis, parece claro que con los datos en la mano no puede
establecerse con precisión si a lo largo de la evolución humana hubo o
no división del trabajo en función del sexo. Para muchos autores,
separar las tareas es un hecho universal, y sostienen que ese reparto se
remonta hasta los orígenes de los primeros homínidos, hace alrededor de
6 o 7 millones de años. Para otros, por el contrario, se trata de un
fenómeno propio y exclusivo de Homo sapiens y no tiene más de 50.000 años de antigüedad.
Nuevos hallazgos estimulan el debate
La encendida polémica sobre la división sexual del trabajo y sus
orígenes se vio avivada en 2006 por la publicación de un artículo
firmado por los antropólogos de la Universidad de Arizona Mary C. Stiner
y Steven L. Kuhn. Estos especialistas defendieron una tesis sobre la
organización de la vida de los neandertales cuyos ecos sobrepasaron el
mundo académico y alcanzaron a los medios de comunicación y al público
en general.
Los investigadores Stiner y Kuhn realizaron un minucioso estudio de numerosos huesos fósiles de Homo neanderthalensis,
detectando que estos huesos presentaban cicatrices resultantes de
fracturas producidas por la dureza de las condiciones de vida de
aquellos humanos. Los autores separaron los restos óseos procedentes de
hombres y de mujeres y los analizaron con gran detalle. Tras sus
metódicas observaciones, llegaron a la conclusión de que no había
diferencias en la morfología ni en el patrón de las cicatrices
encontradas en los restos de uno y otro sexo. Interpretaron este hecho
asumiendo que tal similitud sólo podía atribuirse a que las heridas
óseas tenían un origen muy parecido y que, por lo tanto, probablemente
las mujeres y los hombres neandertales llevaban vidas semejantes y
realizaban trabajos análogos.
Además, Kuhn y Stiner certificaron que la evidencia empírica señalaba
con nitidez que las mujeres neandertales eran personas fuertes y
autosuficientes, muy parecidas anatómicamente a sus compañeros varones.
Esas pruebas contradecían el comportamiento sedentario pues resultaba,
cuanto menos, poco coherente. En palabras de los investigadores: «los
esqueletos de las mujeres neandertales estaban tan robustamente
construidos que parece improbable que ellas simplemente se sentaran en
casa cuidando sus hijos».
En suma, en la cultura neandertal los hombres y las mujeres parecen
haber realizado labores muy semejantes entre sí, lo que no impediría,
advierten los científicos, que desempeñaran algunas labores diferentes,
pero siempre dentro de un esquema general compartido.
Con todo, el debate no ha quedado aquí. En los últimos años se ha
enriquecido considerablemente, al abrigo de los numerosos
descubrimientos relacionados con el ámbito de la paleoecología,
disciplina que tiene como objetivo reconstruir ecosistemas del pasado y
configurar un punto de partida para conocer los diferentes recursos alimenticios que los homínidos tenían a su alcance, ponderándose las estrategias que seguían para aprovecharlos. Un enfoque que, además, también ayuda a visualizar la complejidad del comportamiento de nuestros antepasados, cómo era su organización social y, en definitiva, para calibrar su capacidad de adaptación al entorno que habitaban.
Gran parte de estos novedosos estudios se han basado en el examen de
dientes fosilizados y en el patrón de desgaste dental observado. Pero,
como ha apuntado el profesor Nathan H. Lents,
«hasta muy recientemente, nadie se había planteado si las marcas
observadas en los dientes de los neandertales eran distintas entre los
hombres y las mujeres. Cuando lo hizo un equipo español, los resultados
fueron sorprendentes».
Antonio Rosas y Almudena Estalrrich muestran una ilustración de los neandertales ayudándose de la boca para realizar tareas cotidianas (Comunicación CSIC).
El citado equipo estaba compuesto por los científicos del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, CSIC, la doctora en paleontología Almudena Estalrrich y el prestigioso experto en neandertales, Antonio Rosas. En 2005 publicaron un interesante estudio centrado en los dientes fósiles de Homo neanderthalensis
y su posible relación con la división sexual del trabajo. La
investigación desvelaba un perceptible desgaste dental en los incisivos y
los caninos, al apreciarse una serie de marcas o huellas. Dichas marcas
sugerían que, a lo largo de sus vidas, los neandertales habrían usado
la dentadura para manipular objetos al sujetarlos o sostenerlos con la
boca tal como si fuese una «tercera mano».
Concretamente, Estalrrich y Rosas examinaron con detalle las estrías o
rayas superficiales y las melladuras o golpes presentes en los
incisivos y caninos de 19 individuos procedentes de los yacimientos de
l’Hortus (Francia), Spy (Bélgica) y El Sidrón (España). Los dos tipos de
marcas analizadas se debían a prácticas o actividades no masticatorias.
Las estrías mayormente resultan de una tarea repetitiva basada en
sujetar o estirar pieles, fibras vegetales u otros utensilios que puedan
sostenerse con la boca. Las mellas, por su parte, son probablemente el
resultado de un trauma, ya sea por incidir contra algo muy duro o porque
el diente se quiebra mientras realiza alguna función.
Tanto los hombres como las mujeres presentaban estrías en la cara
labial (frontal) de sus incisivos, pero esas estrías eran
considerablemente más largas en las mujeres. Esto no indica que ellas
usasen sus dientes para más tareas que los hombres (lo que habría
causado estrías más profundas, no más largas), sino que los empleaban
para tareas distintas. Además, pese que ambos mostraban mellas, éstas
estaban en zonas diferentes. Los hombres típicamente las mostraban en
los dientes de arriba, mientras que las mujeres las tenían en los
dientes de abajo.
Diente de la mandíbula de un neandertal, cueva de El Sidrón (Comunicación CSIC).
Los autores concluyeron que las diferencias detectadas en el patrón
de desgaste dental no masticatorio, aunque sutiles, parecen indicar que
las mujeres y hombres neandertales utilizaban sus dientes con fines algo
distintos. Cabría entonces pensar y deducir que la división del trabajo
por sexos no ha sido una característica específica de Homo sapiens,
sino que, por el contrario, los neandertales de hace unos 40.000 años
ya dividían algunas de sus faenas entre mujeres y hombres. Los
científicos no tienen claro qué actividades eran las que realizaba cada
sexo, pero sí consideran probable que la especialización o división del
trabajo estuviera limitada a unas pocas labores.
Tanto Antonio Rosas como Almudena Estalrrich ponen el acento en la
importancia que tiene la posible separación de las faenas según el sexo,
incluso aunque sea reducida, porque viene a sumarse al incremento que
han experimentado en estos últimos años nuestros conocimientos sobre la cultura de los neandertales.
De hecho, los datos más recientes no sólo sugieren que nuestros
parientes vivieron en comunidades socialmente complejas, sino que en sus
sociedades las mujeres fuertes, vigorosas y autosuficientes, con toda
probabilidad participaban en la vida comunitaria como sujetos activos,
trabajando codo con codo junto a los hombres con el fin de adaptarse y
sobrevivir en aquellos ecosistemas duros y difíciles.
En suma, el añejo modelo femenino de sumisión, pasividad y
dependencia, tan querido y alardeado por el pensamiento convencional de
nuestras sociedades occidentales, se está desmoronando con gran
estruendo. Cambia el paradigma dominante, toda una revolución y
reconversión de ideas-fuerza en esa nueva mirada interpretativa.
Carolina Martínez Pulido
es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de
Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación
científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia
Hola, !!ya estoy de vuelta!! Preparando el nuevo curso...
Espero hayáis pasado, y sigáis en ello, un buen verano, aprovechando el sol y las altas temperaturas para disfrutarlas y no sólo padecerlas ;). Yo lo he pasado muy bien, he podido disfrutar mucho, acompañar y cuidar a mis mayores (estoy en ello, es la edad :)) y también he estado trabajando en un proyecto que me ha enriquecido muchísimo y me ha traído nuevas experiencias y gente a mi vida. Estoy contenta y aceptando también el proceso que estoy transitando, que me está trayendo aprendizajes de vida.
Como ya supongo que sabréis el curso se inicia el 5 de octubre, se ha retrasado muy a nuestro pesar. Pero así lo han decidido quienes deciden estas cosas y a nosotras, las profes, nos ha llegado ya decidido y publicado. Trataremos de aprovechar muy bien el tiempo que tengamos...
Os recuerdo que mis talleres se titulan "Relajación: Cuidado de las emociones a través del cuerpo"... lo hago porque me han escrito dos de vosotras preguntándomelo al no aparecer mi nombre.
!Ya tengo ganitas de volver a veros!! Mientras tanto os dejo este vídeo.
Queridas todas... vengo de visita a compartir este artículo que nos envía Miranda Gray a las Moon Mother , y que trata sobre la necesidad intrínseca
de danzar que tiene el cuerpo del ser femenino y, particularmente, de la
mujer. Leerlo me ha hecho recordaros, teneros muy presente según avanzaba en su lectura... Recordarme a mi en nuestras sesiones... Discurriendo entre respirar, estirar, meditar, compartir y !danzar! Ya hace un mes más o menos que hemos culminado este ciclo anual de los talleres de de Empoderamiento, autoconocimiento y autocuidado corporal y emocional... !y ya son 13 años por Rivas! Que curioso, !como 13 lunas!. Parece que lo cíclico va actuando de manera natural.
El verano nos llama a
la dispersión y la alegría, a los espacios abiertos y los encuentros
expansivos. Yo ya estoy celebrándolo en disfrute de la naturaleza en su estado menos lesionado por mano humana, en bosques y mares abiertos... nutriendo el alma y el cuerpo.
Pero también sigo en comunión con vosotras... sintiéndoos y recordándoos, estáis en mi. Es mucho ya lo vivido en común, muchas sesiones, miradas, risas y llantos, difíciles transitares, silencios que atraviesan el alma, juegos que reconectan con lo primario, la infancia, abrazos sentidos...alegría balsámica para el alma.
Con unas más que con otras, en tiempo y también en intensidad. Como la vida misma. Pero en este instante os siento como grupo, como única tribu de la que formamos parte todas las mujeres. Y también los hombres... que en este caso dejo en el lugar de honor de acompañantes de nuestras vidas.
¡Salud a todas vosotras gozosas del mundo! Porque nuestra
alegría es una necesidad para la supervivencia nuestra y de la especie humana.
¡Amor a quienes necesitan del abrazo, del consuelo y de la fuerza! Que a
todas os llegue la nutrición y el alivio del Universo, de la Tierra y
de lo Divino Femenino.
Que el Sol nos acaricie, el gua nos de fluidez y dulzura, la sombra de los árboles nos regale sabiduría, y la sororidad sea uno de nuestros rezos.
Queridas todas mis compis-alumnas de talleres de empoderamiento corporal: !Se acercan las vacaciones estivales y también un cierre de ciclo!
Con la alegría que ello supone, y también la tristeza de no vernos en un tiempo o más...
Ya sabéis que yo enfatizo, cuando la ocasión se da, que es importante vivir en el presente, y practicar el poder del ahora. Pues bien, voy a cerrar este ciclo en el blog con este asunto... y para ello os traigo este artículo que he seleccionado porque me parece bien contado y preciso.
Espero que os guste y ayude a !Vivir plenamente en el presente!!
Con muchísimo agradecimiento por vuestro cariño, confianza en mi y paciencia también con mis errores, os deseo un maravillosos verano de DESCANSO, EJERCICIO Y GOZO. Namasté. Inés
Les hablo como Mujer Búfalo del Norte, hermana mayor. Soy Mujer Tierra, enraizada profundamente en este suelo; soy Mujer Espíritu,
portadora del Gran Misterio. Hoy vengo a hablarles de la Posada de la
Abuela a aquéllas que ya estén allí y a todas las que conocen su
función. Mujeres, despierten y vean, pues se aproximan a esta posada.
Hombres, despierten y escuchen, pues éstas son sus mayores, guardianas
de la Ley Altísima.
La Posada de la Abuela es la etapa de
las mujeres de cabello blanco (sabiduría) que ya han sobrepasado el
tiempo de dar el poder de su sangre y ahora la retienen como energía
para sostener la Ley. Cuando elegimos rodearnos de un cuerpo terrenal,
también aceptamos su responsabilidad, un don para ser compartido. Al
elegir un cuerpo femenino, aceptamos la posibilidad de nutrir y renovar
todas las cosas. Nuestra herramienta es la ley única del Creador:
“Estarás en buenas relaciones con todas las cosas y con todos los seres
en la gran rueda de la vida”.
La Ley de las Buenas Relaciones, don del
Creador a las mujeres, es un conocimiento innato que abarca todos los
aspectos de las relaciones. Despierta, se desarrolla y profundiza en
contacto con quienes, en nuestra sociedad, la modelan. Nuestro deber es
compartir las comprensiones profundas con nuestros hermanos y familias,
de modo que la armonía y la paz reinen entre nosotros.
Cuando nuestras mayores atraviesan el
umbral de la Posada de las Abuelas se convierten en cuidadoras de la
Ley. Su atención ya no se consume en la creación de sus propias
familias. En este sentido, no tienen hijos y, según nuestras costumbres,
quienes no son padre o madre de ningún hijo en particular, son padre y
madre de todo hijo. Su atención se vuelve hacia los hijos de Todas
Nuestras Relaciones: sus propias criaturas, las de sus amistades, clan o
etnia, y las criaturas de todas las ruedas de la vida: Bípedos,
Cuadrúpedos, Alados, con Aletas, los Que Crecen Verdes, y demás. Nuestra
relación con el gran círculo de la vida recae en sus manos. Ellas deben
ejercer su responsabilidad modelando, enseñando y compartiendo la
vivencia de dicha ley en la vida de todos los días, de modo que todos
alcancen el equilibrio.
En términos prácticos, para las mujeres
esto significa lo siguiente: al cruzar la menopausia, se abre la
oportunidad de experimentarse a sí misma de una manera renovada y
profundamente poderosa. Al dejar atrás el desconcierto y el temor
generados por presión cultural y al abrirse a la verdad que mora en su
interior, la mujer encuentra un desafío increíble para el que está mucho
mejor equipada que cualquier otro bípedo. Le es posible sentarse en
consejo y usar el poder de la sangre ahora retenida para crear un mundo
armonioso a su alrededor.
La sangre de luna (menstrual) de la
mujer se halla entre las substancias más nutrientes y bio-energetizantes
de la Tierra. Puesta sobre una planta, ésta se nutre en profundidad.
Nuestras costumbres nativas proponían, durante nuestras ceremonias de
siembra y nutrición de las cosechas, que las mujeres en su tiempo lunar
se movieran entre las plantas y derramaran su sangre. Nuestras mujeres
siempre dieron su sangre honrosamente. Se sentaban sobre el suelo y la
donaban directamente o la derramaban sobre musgos que luego depositaban
sobre la tierra, para nutrirle y renovarla. Se acompañaban con esta
canción:
“Entrego esta sangre de vida a Todas Mis Relaciones y abro mi matriz a la Luz.
Entrego esta sangre de vida a Todas Mis Relaciones y abro mi matriz a la Luz.
Entrego, entrego, entrego, entrego; abro mi matriz a la Luz.”
Vicki Noble, en el “El tambor del
Chamán”, recuerda que ésta fue la primera sangre ofrecida en el altar,
como ofrenda bendecida. Luego, cuando se dejó de honrar a las mujeres y
se ignoró el poder de sus sangre dadora de vida, se recurrió a los
sacrificios animales y humanos para salpicar sangre sobre el altar.
Esta es la sangre que retienes en ti
cuando ya no sangras en los ciclos lunares; has dejado atrás tu tiempo
lunar. Abuelas: quizás no sean conscientes de la profunda
responsabilidad que ahora asumen; de saberlo, hubieran tenido la
oportunidad consciente de aprender y profundizar en vosotras mismas y en
la buena relación durante sus vidas, de modo de salvar a su pueblo, de
modo de brindarse bien es estos años. Mujeres jóvenes que ahora leen
esto, vosotras podéis ser conscientes y elegir aprender y crecer de este
modo, para estar listas cuando os toque entrar a la Posada de la
Abuela.
Muchas tribus y etnias recuerdan la
primacía de la Ley de Buenas Relaciones y en ellas los consejos de
Abuelas gozan de la más alta autoridad. Si un jefe de paz no guiaba a su
pueblo por la tierra de modo que gente y animales tuvieran buena
comida, agua clara y valles acogedores en tiempos de vientos fríos, las
Abuelas solicitaban a otro que condujera; señalaban a alguien que
contara con mejores posibilidades de llevar a cabo la tarea de nutrir y
renovar la vida del pueblo. Si un jefe de guerra creaba tanta animosidad
entre las tribus vecinas y la frecuencia de los ataques interrumpía el
bienestar del pueblo, le pedían encontrar usos productivos, y no
destructivos, para su energía. Tal era su poder: se hacían cargo
seriamente de nutrir y renovar al pueblo y actuaban en concordancia.
Hoy en día, las Mujeres Búfalo nos piden
que asumamos el papel que quedó vacante. Cuando observo el mundo que
nos rodea, veo que todos y cada uno de los problemas que enfrentamos
como Bípedos son problemas de relación, sea con los árboles de las
selvas tropicales, con otros pueblos, dentro de nuestros sistemas
familiares disfuncionales o en la alienación de unos con otros y con la
naturaleza. Despierta el deseo de relacionarnos con nosotras mismas como
cocreadoras con Todo Lo Que Existe. Sobre estos temas se nos pide
explayarnos y encarar acciones espirituales.
La Posada de la Abuela abarca todas las
mujeres post-menopáusicas. Dentro de ellas se forman grupos pequeños en
torno a funciones específicas. Para algunas, el cuidado de un cesto
sagrado; para otras, cierta clase de curación; y para otras el
mantenimiento de la senda de la belleza (arte) entre la gente. Una
artesana en canasta puede pertenecer a la vez al grupo de cestería y al
grupo que Quarda objetos sagrados (esto último por linaje familiar). Una
mujer puede pertenecer tanto a una sociedad de Danzas del Sol como a
una sociedad de herboristeras.
Al comenzar a reunirse con otras, el
primer grupo es pequeño y heterogéneo y se hace necesario descubrir
intereses comunes, capacidades individuales y metas. Parte del tiempo
juntas puede emplearse en aprendizaje y comprensión, en reuniones para
compartir capacidades para meditar y escuchar las Grandes Voces
Internas, para caminar sobre la Tierra o para fortalecer y tonificar el
cuerpo.
Con frecuencia se me pregunta por
quienes han experimentado amenorrea, menopausia temprana o
histerectomías. Aunque no creo poseer respuestas exactas, mi propia
experiencia me da algunas pautas. Lo primero que les digo es que el
ritmo actividad/receptividad, acción terrena/Gran Misterio, que es el
ciclo natural en sincronía con la Abuela luna, todavía resuena en las
aguas de sus cuerpos, aunque no vaya acampañado de sangre externa.
Profundizan la vivencia de los ciclos lunares dentro de vosotras, ya que
resulta de suma importancia para cada una y para Todas Sus Relaciones, a
fin de atravesar el velo durante la sangre, ir hacia el Gran Misterio y
traer visión para el pueblo.
Por otra parte, muchas de nosotras, sin
experimentarnos todavía como ancianas, somos llamadas a la Posada de la
Abuela. Hay una necesidad urgente de despertar esta función entre las
mujeres, debida al derrumbe de las culturas aborígenes y al abandono de
las costumbre femeninas. Muy pocas se sientan en las Posadas y perpetúan
la nutrición y renovación de sus pueblos, por lo que algunas más
jóvenes somo llamadas a la Posada por medios muy diferentes. Aceptémoslo
como un honor.
Finalmente, me referiré el rito de
pasaje de la Posada de la Abuela. Aquellas que estén cerca de una mujer
que cruza el umbral, deben honrarla y manifestarle apoyo en este tiempo
de responsabilidad grande. Una meditación guiada puede ayudarla a
conectarse con su propia fuente de fuerza y sabiduría. Quienes la
conocen, saben qué aspectos son su fuerte. También debe recordársele su
responsabilidad en la nutrición y renovación de Todas Sus Relaciones y
la Ley de Buenas Relaciones del Creador.
Sé que mediante su propia experiencia,
cada una profundizará su sabiduría mucho más allá de lo que pueda
decirles. Recordar: la Madre Tierra, la Abuela Luna y el Padre Espíritu
viven dentro de cada una de vosotras. Sumergiros profundamente en vostra
verdadera naturaleza y extraer de allí la belleza.
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Escrito por:
Broooke Medecine Eagle (Águila Medicinal), creció en una reserva de
Montana. Es Cuidadora de la Tierra, visionaria, escritora, artista,
docente y sanadora.